En un contexto internacional marcado por la tensión en el estrecho de Ormuz, el sector del transporte aéreo se enfrenta a un escenario de creciente incertidumbre. El posible encarecimiento del combustible, unido al riesgo —aunque aún no confirmado— de desabastecimiento, ya está provocando las primeras reacciones por parte de las aerolíneas, que comienzan a ajustar su operativa.
En una entrevista televisiva, Ignacio Rubio, presidente de ASETRA y experto en derecho aeronáutico, ha analizado las implicaciones de esta situación para las compañías aéreas, los aeropuertos y los propios usuarios.
Un riesgo latente, pero con matices
Rubio ha señalado que, en el corto plazo, el suministro de combustible está garantizado. Esto se debe a que las aerolíneas operan con estrategias de compra a futuro —conocidas como hedging— que les permiten asegurar precios durante periodos de entre dos y tres años.
Sin embargo, el problema surge cuando estos contratos expiran. En ese momento, las compañías deben adquirir combustible al precio de mercado, que actualmente está sujeto a fuertes tensiones al alza debido al contexto geopolítico. Esta situación puede traducirse en un incremento significativo de los costes operativos.
Consecuencias: menos vuelos y billetes más caros
Según Rubio, el aumento del precio del combustible tendrá un impacto directo en la oferta aérea. Entre las principales consecuencias destacan:
- Reducción de rutas y frecuencias
- Prioridad de las rutas más rentables
- Desaparición de conexiones menos demandadas
- Incremento del precio de los billetes
Todo ello configura un escenario en el que la conectividad aérea podría verse afectada, especialmente en mercados altamente dependientes de modelos de bajo coste.
Especial impacto en las aerolíneas low cost
El presidente de ASETRA ha subrayado que las compañías de bajo coste serán las más vulnerables ante esta situación. Su modelo de negocio, basado en márgenes ajustados, dificulta la absorción de aumentos significativos en los costes del combustible.
Como consecuencia, muchas de estas aerolíneas podrían verse obligadas a reestructurar su red de rutas, eliminando aquellas menos rentables o reduciendo su frecuencia.
Repercusiones en los aeropuertos catalanes
En el caso concreto de Barcelona y el Aeropuerto de El Prat, Rubio advierte que podrían producirse ajustes relevantes en la oferta de vuelos, especialmente en rutas secundarias o de menor demanda.
Esta situación no se limitaría a la capital catalana, sino que se extendería al conjunto de aeropuertos de Cataluña, donde la presencia de aerolíneas low cost es especialmente significativa.
Posible impacto en el empleo
El encarecimiento de los costes operativos también podría tener consecuencias en el ámbito laboral. Rubio apunta a que las aerolíneas podrían optar por:
- Paralizar nuevas contrataciones previstas para la temporada de verano
- Revisar o suspender contratos recientes
- Ajustar plantillas en función de la evolución del mercado
No obstante, el alcance de estas medidas dependerá de la duración del conflicto y de la evolución del precio del combustible en los próximos meses.
Incertidumbre y seguimiento constante
Aunque las autoridades europeas no han detectado por el momento indicios de escasez de combustible, el sector se mantiene en alerta. La evolución del conflicto internacional será clave para determinar el impacto real sobre el transporte aéreo.
Desde ASETRA se insiste en la importancia de seguir de cerca la situación y de garantizar, en todo momento, la protección de los derechos de los pasajeros ante posibles cancelaciones o modificaciones de vuelos.



